Y al final, te ves esperando cosas que nunca llegan. Perdiéndote en el mar de los suspiros, de las caricias a medias, de las sonrisas inexistentes y los corazones desarmados y cansados. Al final, decides que no merece la pena. Y buscas nuevos horizontes, con atardeceres cálidos y amaneceres de abrazos.
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