jueves, 23 de agosto de 2012

Ese día

Está cansada de dejar de ser quien es por lo que otros quieren que sea. Cansada de recordar, de no perdonar... Está muy cansada de hacer todos los días lo mismo, de ver como le invade la melancolía y la desidia. Cansada de esperar algo de los demás y de dar eso que los demás esperan. Está cansada de las noches sin poder dormir, de las lágrimas de cocodrilo, del nunca me diste una oportunidad,de pensar en cuántas habrá dado realmente, de no ser totalmente sincera, de no poder llorar cuando quiere, de tener que intuir lo que siente otra persona, de subir, de bajar, de estar aquí y allá.
Y todavía está más cansada de sentirse en contradicción consigo misma, de tener una sensación en el pecho que no le deja vivir... de pintar las paredes de dolor con toques de inocencia. Cansada del sofá, de la televisión, de su casa, de vivir a medias, de sentir que la vida se le escapa entre los dedos.
Y el problema es que este no es típico día en que se levanta de la cama y se dice a si misma: Hoy es un día nuevo, iremos poco a poco, las cosas cambian y lo primero que tiene que desaparecer es esta estúpida desidia que me ata. No, hoy no es ese día.

domingo, 12 de agosto de 2012

Divagando


“Pasar página” es una expresión… cómo decirlo… completa. Por decirlo de alguna forma. Es una frase que implica muchas cosas y todas ellas las recoge en la metáfora de un libro. Me ha dado por pensar en esto, porque se supone que es lo que tengo que hacer ahora… o lo que todo el mundo haría y hace cada día.

Para que se pueda pasar página es necesario que haya ocurrido algo. Lo que sea, cualquier cosa que nos remueva el corazón y el alma. Algo que te haga ver todo negro y sentir… sentir que necesitas poner una tirita y continuar tu camino sin mirar atrás. Yo creo que según cuantas páginas hayamos escrito sobre esa historia será más fácil o más difícil ponerle punto y final… por el motivo que sea.

Es en ese momento en el que lo racional, llega desde dentro de ti y seguramente desde otros componentes externos que probablemente, también tengan su propia historia en nuestro libro de vida y a su vez, con muchos otros. -Tengo que pasar página-.   Puede que decir pasar página implique que hemos ido escribiendo una historia, en el libro que es la vida, por cada una de las personas que hemos conocido. O al menos eso me parece a mí. Porque “pasar página” es poner un parche, borrar unas líneas, o quizás agregar un punto y final a la historia que hemos vivido con alguien. El resto de historias probablemente sigan igual, aunque todo depende del suceso que requiera que pasemos la maldita página.

Ahora es cuando llegamos a la parte del libro, porque en algún sitio tendrán que meterse todas esas historias. Quizás se compara la memoria con un libro… sería un libro tan inmenso que resultaría fácil perder páginas o algunas líneas escritas con letra ilegible, que no se dejan leer, por mucho que lo intentes. Incluso se me ocurre pensar que, a veces, de forma automática ponemos marcadores en algunas páginas y recurrimos a ellas con nostalgia. Pensando en lo bueno, lo malo o lo regular de lo que en ese momento pasó en nuestras vidas… También se me ocurre pensar, que deberíamos elegir bien donde poner esas etiquetas, si es que eso se puede hacer.  El caso es que pasar página implica dejar tu historia atrás, como muchas otras cosas que hemos dejado a lo largo de la vida. Tenemos que dejar un trocito de nuestra historia vital compartida en el olvido, al menos hasta que no duela tanto releer esas páginas. Tenemos que olvidar… o aprender a vivir con ello.

En fin, lo que ocurre es que es tan fácil decir -tienes que pasar página- ya… ¿Y cómo se hace eso? 

viernes, 3 de agosto de 2012

La maleta roja

Hace tiempo que ella se preguntaba dónde estaba su ilusión. Tenía una pequeña intuición que sugería que probablemente estaría recogida y doblada en su maleta.  Bien dobladita, junto con la esperanza y las ganas de intentar algo más. Hace tiempo también, que los sentimientos que la acompañan la hacen caer un poco más y olvidar los que se esconden. Sin importar el orden en que se mencionan, tienen el placer de "amenizar"  sus días; la señorita Desidia, implacable en su papel. La poderosa Resistencia al cambio, que hasta hace poco ha tenido una gran influencia. Y el tímido y humilde señor Amor, cada día más encorvado y marchito, pero siempre al pie del cañón, por mucho que duela.
Hoy hace exactamente siete días desde que la Señorita Valentía, joven y amenazante ha resucitado. No por su puesto sin acontecimientos que la hayan hecho salir... que ella estaba muy cómoda y calentita en la maleta. Entonces ella cogiendo todos sus sentimientos (mientras se agarraba el corazón) comenzó a estirarlos para quitarles las arrugas y los dobló cuidadosamente. Después cuando estaban todos ordenados les echó unas gotas de objetividad, lo metió todo en su maleta roja y se fue.
Se ha ido... Todavía le cuesta creerlo.
Ahora... camina por la calle,maleta roja en mano, sin destino ni camino alguno.