lunes, 28 de noviembre de 2011

Atardeceres naranjas


Atardeceres cortos, pero intensos...
Momentos que pasan con sigilo entre las agujas del reloj.
Sin ser vistos...
Miradas curiosas y sonrisas latentes.
Pensamientos que vagan a través del aire...
Atardeceres naranjas, en los que me pregunto
quién recogerá mis pensamientos
furtivos.







Pd: La foto tb es mía xD

domingo, 27 de noviembre de 2011

La sin razón

Porque si, te digo que no quiero más.
Porque si, intento hablar, para sentirme inteligente.
Porque si, recorro las calles.
Porque si, estoy harta, y no sólo porque si.
Por que si, discuten mis pensamientos
y se enredan y no sólo porque si.
Porque estoy indecisa.
Y eso tampoco es porque si.
Porque a veces, tan sólo porque sí,
me siento mal. Y otras bien.
Porque si.

sábado, 26 de noviembre de 2011

Su dieciocho cumpleaños.

Hoy es su cumpleaños, y no cualquier día de cumpleaños. Hoy cumple 18 años, eso significa que ya es mayor de edad, supuestamente significa madurez y responsabilidad, pero él no se siente preparado para eso ahora. Sin embargo, aunque no tenga ganas de crecer, tiene que hacerlo. Es inevitable. Aunque eso, no quiere decir que no le haga ilusión crecer un poco más y bueno, ya sabes, aquello de poder comprar alcohol y tabaco y también de poder ir a la cárcel.

Arrastrando los pies dentro de las zapatillas de estar-por-casa baja las escaleras hacia el salón. Como siempre rechinan a cada paso que da, a veces eso le da miedo, sobre todo cuando está solo en casa, por eso en parte, siente también que no puede crecer.

Llega al salón y se percata de que un mundo de olores pasean por la planta baja de la casa, café recién hecho… y si su olfato no falla tortitas en la sartén. El resto se lo puede imaginar. Mermeladas de cuatro tipos pero, en especial sus preferidas, melocotón y arándanos, galletas con pepitas de chocolate y como no, los ingredientes típicos de las tortitas, siropes de chocolate, caramelo y fresa.

Entra en la cocina, su padre con una gran sonrisa se acerca, le besa y le acaricia la cabeza. Después le suelta y deja que se siente. Allí apoyado sobre la cafetera hay un sobre que parece bastante viejo, Jaime no sabe de qué se puede tratar… A si que ante la duda, pregunta ¿Qué es eso Papá?. Su padre se queda pensativo durante unos segundos, que parecen eternos, deja la masa cociéndose en la sartén y se da la vuelta.

-Jaime… en ese sobre, está tu regalo de cumpleaños. No quiero que te pongas triste, ése no es mi regalo… es el de tu madre.- Su cara tenía una expresión de melancolía que le rompería el alma a cualquiera.

-¿Qué? ¿De mamá? ¿Cómo va a ser su regalo? Si ella… ella… bueno ya sabes.

-No te pongas nervioso Jaime, yo no he visto lo que es, pero a mí me dijo que te querría decir muchas cosas en este día tan especial para ti, y que quería decirlas aunque no estuviera aquí. A si que abre el sobre y mira a ver que hay dentro.

-Vale.

Comienza a rasgar los bordes de aquel sobre que se había vuelto un poco marrón con el tiempo, lo abre, se asoma para ver qué contiene aquel resquicio del pasado. En él encuentra dos trozos de papel, una fotografía, maltratada por el tiempo y una carta.

Se queda pensativo, mirando la fotografía en la que aparecían ellos, los tres, con unas sonrisas enormes y completas, bajo el árbol de navidad (que según recordaba, habían estado montando horas antes), abrazados, formando una perfecta unión de felicidad y cariño. Una pequeña lágrima se desliza por su mejilla, pero Jaime no deja que su padre la vea.

Después desdobla la hoja de papel amarillenta… sus pulsaciones aceleran. De pronto, no se siente preparado para hacerlo. No quiere leer. No quiere que duela. Aunque sabe que, merece la pena el dolor, por revivir a su madre durante unos minutos, los que tarde en leer la carta.

Pues bien, haciendo de tripas corazón, se levanta de la mesa y sale de la cocina, de la cocina y de la casa, pues empieza a sentir que se ahoga ahí dentro. Coge una manta del salón, se envuelve en ella y camina hacia la puerta trasera, hasta el jardín.

Una vez allí se sienta en los escalones que hay tras la puerta, donde durante las mañanas invernales el sol dejaba que su luz y su calor quedasen atrapados en aquellas escaleras de granito.

Con una mezcla entre miedo, melancolía, tristeza y alegría, comienza a leer…

Querido Jaime:

Supongo que ya sabes quien soy, tu madre. Y si tu padre no ha sido tan cabezota como es y me ha hecho caso, hoy debe de ser tu dieciocho cumpleaños. Felicidades mi vida. Sé que no estaré ahí cuando ocurra, por eso pensé en escribirte en esta carta. Hijo, no quiero que te pongas triste por leer todo esto, sé que será difícil para ti, pero tienes que resistir, además ahora ya eres mayor. Bueno, no me quiero enrroyar más de la cuenta, casi no queda tiempo.

Felicidades mi niño, mi Jaime. Has cumplido dieciocho años, eres todo un hombrecito, no te lo tomes a mal, pero por experiencia sé que no pasa de chico a hombre solo por ser tu cumpleaños. Aunque no esté contigo, sé que me recordarás y por eso quiero he querido escribirte todo esto, que es, lo que me parece que debes saber y que no debes olvidar jamás.

Necesito decirte que vivas tu vida, la tuya, no la de los demás. Tienes dieciocho años, apenas acaba de empezar, aunque a ti te parezca lo contrario. Sé que habrá muchas cosas que te parecerán injustas y realmente puede que lo sean. Si está en tu mano, haz lo que puedas para cambiarlas, no te rindas. También has de saber que no siempre podrás cambiar las cosas, asique cuando eso pase, no te desanimes. A veces un baño de realidad que te demuestre en qué mundo vives no viene mal.

Deseo con toda mi alma, que crezcas sano y tan listo como yo creo que eres ahora, aunque sólo tengas ocho años. Sé que puedo esperar muchísimo de ti. Tengo que decirte, ya que estas en la edad, que tengas cuidado con las chicas y por supuesto que las trates siempre con respeto, no te olvides tampoco, de que hay otras cosas a parte de ellas. Disfruta de tu juventud cariño, no dejes que nada ni nadie te impida disfrutar de tu vida, de tu juventud, porque no te darás cuenta de lo importante que es hasta que se haya marchitado. No te acomplejes, no pienses que eres menos que los demás, no te detengas, lucha por lo que deseas y también por lo que sueñas. No dejes de luchar.

Ten cuidado con las opiniones que das, y con las de los demás. Puede que te hagan críticas que te hieran, dependiendo de cuáles y de quién las haga reflexiona sobre ellas, y si crees que llevan razón, mejora como persona. Pero nunca, Jaime, nunca dejes que alguien te cambie. Nunca seas quien otra persona quiere que seas. ¿Me entiendes? Nunca. No olvides quien eres.

No pierdas las ganas de vivir, experimenta y no dejes de aprender. Busca las cosas buenas de ti y de tu vida y explótalas, valórate y aprende a ver los pros y los contras de cada situación, no todo es ideal siempre, no te tortures si algo no te sale bien. Inténtalo de nuevo y si crees que te supera busca una nueva estrategia, pero no te obsesiones.

Estudia, estudia mucho para poder ganarte la vida el día de mañana, ve a la universidad y aprende algo que te guste… Forma una familia y vive… vive mucho. No te molestes en estar en este mundo solo para existir, tienes que vivir. Se que todo esto puede parecer demasiado para una sola carta, en un solo día… pero no te agobies mi pequeño, tienes toda una vida para aprender todo esto y más. No olvides nunca que te quiero, Mi pequeño Jaime.

Después de leer aquello… vuelve a doblar con cuidado la hoja de papel y se da cuenta de que la ha mojado con sus lágrimas, aunque no eran de tristeza… no. Se para un momento a pensar y sonríe, las lágrimas resbalan por su mejilla y no lo puede evitar, pero hoy no se siente más pequeño por llorar. Hoy se siente completo. Hoy tiene ganas de comerse el mundo.

Hoy… es su dieciocho cumpleaños.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Con ritmo reggae

Camina lento y descuidado, con pasos de colores.
No deja que nada ni nadie le detenga, va libre como el aire...
Con ritmo reggae atraviesa la cuidad.
Pasea entre los árboles de colores otoñales, viendo las caras de la gente.
No cesa de caminar... a su paso deja restos de ondas musicales,
restos de pensamientos dispares. Pero nadie lo nota...
Camina lento y descuidado, sin miedo.

martes, 22 de noviembre de 2011

No me quites la vida

Llegó la hora, las doce. Coge la pistola y sale de su casa, con prisa.
Recorre la calle principal andando con aire despreocupado, pero nervioso por dentro.
Abre la puerta del portal y sube las escaleras. Llama al timbre pero nadie responde.
Derriba la puerta, y allí está, no lo duda. Desenfunda y dispara tres veces.
Dispara tres veces... a aquella persona totalmente ajena a él.
- ¡No me quites la vida! - decía.
- Son órdenes de arriba. O tú o yo. - contestó.

A veces

A veces pasa que dejas de sentir.
estás como muerto pero vivo.
Y yo pienso, ¿Merece la pena?
No sé...
¿Merece la pena estar en este mundo existiendo sin más?
Simplemente existes, pero no vives.
Ahí lo dejo.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

No sé, no sé por qué...

No sé por qué la mayoría de las veces que me siento inspirada
para escribir, termino escribiendo algo deprimente.
Y no deprimente porque no me guste lo que escribo (aunque muchas veces, no me gusta),
si no porque todo es triste.
No es que me moleste especialmente, pero me parece raro.
Cuando escribo algo positivo, siempre tiene una parte turbia antes,
de angustia o tristeza.
y no sé no sé por qué....

lunes, 14 de noviembre de 2011

Sabes... esa sensación...

¿Sabes esa sensación que te impide pensar con claridad? ¿Esa desesperación que sientes cuando no entiendes nada? ¿Cuándo crees que ya no puedes hacer más? ¿Lo sabes?. Ella sí.

Ella estaba descubriendo la oscuridad en su persona, estaba empezando a ver que las cosas no pasan como te gustaría, ni como crees que deberían pasar, pasan como pasan. Es así y normalmente no podemos hacer nada para impedirlo. Pasan como pasan, porque algo tiene que pasar, algo tiene que haber que nos demuestre que no somos dueños de la vida. Que la vida surge si quiere, y si no, pues nada. Que las oportunidades vienen y van y los caminos se van y se vuelven a cruzar después. Pues bien, esa sensación… no la dejaba pensar.

Y cuando no puede pensar se frustra. Es horrible no poder articular palabras ni si quiera para ti mismo. Es como si vas a una tienda, te compras unas zapatillas y de pronto te das cuenta de que tan solo hay una zapatilla, ¿Y ahora qué? Estoy coja, me falta el hilo de mis pensamientos. ¿Cómo voy a ir por ahí con una sola zapatilla? ¿Cómo puedo comprender el mundo si no tengo más que una zapatilla? Dios. Era horrible. Y le daba miedo.

Estaba acojonada. Al menos el miedo si que podía sentirlo, entrando en su cuerpo a medida que iba avanzando en su día. Al menos todavía podía sentir algo.

Y así, presa únicamente de sus sentimientos fue cayendo en una espiral de miedo, vergüenza, culpa, desesperanza… y dicen que no volvió a recuperarse.

domingo, 13 de noviembre de 2011

En estos días...

En estos días no sabe reaccionar antes las nuevas situaciones.
A veces, siente que su mundo le supera.
En estos días... le cuesta levantarse por la mañana.
Hace tiempo que esa sensación le acompaña y le revuelve.
Esta mañana, se ha quedado en la cama diez minutos
después de que sonara el despertador... pensando.

Quizás todo era cuestión de tiempo, tal vez si
pensase diferente y tuviera actitudes diferentes le
abandonaría esa asquerosa sensación.
Desidia... esta mañana no le apetece cambiar, tal vez otro día.

Al llegar la noche se sienta en su sofá.
Solo, como todas las noches, y deja que las ondas musicales
de Bob Dylan se lleven sus pensamientos.

De pronto... se da cuenta. No tiene nada que perder, le quedan tantas
cosas por las que vivir, tantas historias que ver y que contar...
De pronto siente la necesidad de gritar al mundo que no le importa fracasar,
no le importa lo que piensen. Solo quiere y necesita VIVIR.