Recorre la calle principal andando con aire despreocupado, pero nervioso por dentro.
Abre la puerta del portal y sube las escaleras. Llama al timbre pero nadie responde.
Derriba la puerta, y allí está, no lo duda. Desenfunda y dispara tres veces.
Dispara tres veces... a aquella persona totalmente ajena a él.
- ¡No me quites la vida! - decía.
- Son órdenes de arriba. O tú o yo. - contestó.
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