Está cansada de dejar de ser quien es por lo que otros quieren que sea. Cansada de recordar, de no perdonar... Está muy cansada de hacer todos los días lo mismo, de ver como le invade la melancolía y la desidia. Cansada de esperar algo de los demás y de dar eso que los demás esperan. Está cansada de las noches sin poder dormir, de las lágrimas de cocodrilo, del nunca me diste una oportunidad,de pensar en cuántas habrá dado realmente, de no ser totalmente sincera, de no poder llorar cuando quiere, de tener que intuir lo que siente otra persona, de subir, de bajar, de estar aquí y allá.
Y todavía está más cansada de sentirse en contradicción consigo misma, de tener una sensación en el pecho que no le deja vivir... de pintar las paredes de dolor con toques de inocencia. Cansada del sofá, de la televisión, de su casa, de vivir a medias, de sentir que la vida se le escapa entre los dedos.
Y el problema es que este no es típico día en que se levanta de la cama y se dice a si misma: Hoy es un día nuevo, iremos poco a poco, las cosas cambian y lo primero que tiene que desaparecer es esta estúpida desidia que me ata. No, hoy no es ese día.
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