Tengo ganas de ti, de tus besos, de que me hagas caricias sin pedirlas, solo porque te apetece hacerlo. Tengo ganas de vivir un poco más contigo, de descubrir lo que es el-no-pensar-en-nada por un rato y después tener conversaciones profundas sobre la vida, las relaciones humanas, filosofía... Tengo ganas de que me hagas pensar, como siempre haces desde que te conozco. Que me hagas replanteármelo todo otra vez. Tengo ganas de ser tu musa, de que me desvistas despacio y tú lo hagas a la velocidad de la luz, sacándome una sonrisa.
Tengo ganas de dejarme llevar por tus palabras, de que me ilumines un poco, de sentir que nada más importa, excepto el momento que vivimos. Tengo ganas de que me cojas, me abraces, de que te rías de mi por no saber cortar el pelo, pero que aún así te fíes de mi para hacerlo, de oirte tocar la guitarra, de que me cotillees sobre tu vida.Tengo ganas de ti. De ver que cariño le pones a las cosas cuando cocinas y como te da igual que te miren. Tengo muchas ganas de tus mordiscos en el cuello y de esa pasión que llevas dentro y que me contagias, no fácilmente, pero que al final me hace volverme loca y sacar ese instinto animal que todos llevamos dentro, como tú dices. Me inspiras, me inspira pensar en ti y en esas dos semanas que tuvimos, me inspira el recuerdo. Porque llegaste a mí llenando mi vida de dulzura después de un mes demasiado amargo. Porque hay algo dentro de mi que te llama cada día y que no puedo evitar escuchar. Porque haga lo que haga, estás ahí en mi cabeza.
Y yo no quiero ser pesada, ni molestar, ni parecer desesperada (aunque lo esté un poco). Pero me resulta muy extraño y seductor a la vez que en un mes me hayas conocido y trastocado más que gente a la que conozco desde hace años. Me asusta sentir todo esto, pero no puedo evitarlo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario